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2 septembre 2010
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Horizons et débats  >  2009  >  N°11/12, 30 mars 2009  >  La sociedad suiza desprecia el poder y la violencia [Imprimer]

La sociedad suiza desprecia el poder y la violencia

Ponencia de Nicolas Hayek frente a los embajadores de la UE

El empresario suizo Nicolas Hayek, propietario de la fábrica de relojes Swatch, fue invitado por el embajador checo en Suiza Lazar, a exponer una ponencia frente a los embajadores de los estados europeos sobre «Por qué la mayoría de los ciudadanos suizos no quiere entrar en la UE.»
Nicolas Hayek aclara la historia de la Unión Europea, y destaca tanto las ventajas como las desventajas que él percibe, sobre todo un déficit democrático. Partiendo de ese hecho, aclara a los presentes el sistema del estado suizo con todas sus facetas. Justamente en lo referente a democracia, el sistema democrático directo de Suiza es diametralmente opuesto al sistema de la UE.
A continuación editamos la ponencia completa.

Excelencias, Señoras y Señores,
Señor embajador Lazar
Cuando el embajador Lazar me pidió que les dirigiera la palabra para aclararles «por qué la mayoría de los ciudadanos suizos no quiere entrar en la UE», me decidí a aceptar su invitación como una contribución a un mayor entendimiento entre la Unión Europea y el ciudadano medio y constructivo que trato hoy de representar. Les pido que consideren lo que digo no como una presentación de una investigación científica, sino como puntos de vista y posiciones de un suizo perteneciente a la mayoría que mencioné.
Cuando fue creada en 1957, y un largo tiempo después, consideraba lo que hoy es la Unión Europea un logro grandioso y magnífico. En aquel entonces yo era relativamente joven. Más tarde, Jacques Delors, en aquel entonces miembro de la Comisión europea y un apasionado europeo, me invitaba regularmente a su oficina en Bruselas. Yo discutía primero con él solo, y después con muchos europeos – en ese momento sobre todo con industriales y empresarios alemanes y franceses. La discusión giraba sobre la pregunta, cómo se podría afrontar la concurrencia japonesa (llamada Japón S. A.) sin ayuda financiera del gobierno o de la Unión Europea, así como lo logramos en Suiza con la industria relojera que estaba presionada fuertemente por la industria relojera japonesa. Jacques Delors llamaba siempre a mi accionar «L’histoire de la montre» – la historia del reloj.
En muchos de esos encuentros mencionaba repetidamente que yo, el suizo, era para él el más típico y verdadero europeo, a causa de mis conocimientos de idiomas y por la profunda comprensión cultural de los distintos empresarios europeos. El más memorable de esos encuentros tuvo lugar en Evian, con los dirigentes de las industrias tope en Alemania y Francia. Fue una experiencia inolvidable para mí.

Mi sueño: Europa como una gran Suiza

En aquel entonces, nosotros soñábamos – por lo menos yo lo hacía – que la meta de Europa era devenir una gran Suiza. No tanto porque yo creía que Suiza fuera la versión ideal del paraíso, sino porque estaba convencido de que ésta era, a pesar de muchas debilidades, la mejor de las posibles alternativas para Europa, para lograr un hermoso futuro común, conservando, al mismo tiempo, su rica diversidad y sus grandiosas culturas. Debería ser un futuro común no sólo para la propia población, sino ser un ejemplo convincente de un desarrollo democrático y pacífico para todos los pueblos del planeta. Es un hecho que Jean Monnet y Robert Schumann, al principio, explicaron que Suiza es un modelo para una futura UE: «La Suisse représente un modèle pour l’Europe» – Suiza representa un modelo para Europa. Joschka Fischer, Jacques Chirac, Göran Persson y también Vaclav Havel lo han dicho una y otra vez en los últimos años. Por lo demás, – qué coincidencia que Monnet, ese europeo tan respetado, murió el 16 de marzo, hace exactamente treinta años.
Mis conecciones con la UE en Bruselas, se mantuvieron después, por ejemplo con Romano Prodi, a quien conocía y también me pedía mis opiniones en algunas comisiones. La armonización y mejoramiento de sectores económicos y en parte financieros en Europa no me han desilusionado hasta ahora, aún cuando estén lejos de ser perfectos. El hecho de que las guerras entre esas grandes naciones, Francia, Alemania e Inglaterra, que devastaron Europa e impresionaron al resto del mundo, se resolvieran de una vez por todas, es seguramente uno de los logros más grandiosos de la Comunidad Europea.

La UE hoy: lenta, burocrática, caótica

Pero el progreso en la formación de estructuras de pronto se detuvo. La UE no continuó el proceso de crear una comunidad fuerte, democrática y pacífica, que incluyera cada segmento de nuestra existencia y sociedad, la participación emocional y el compromiso de cada uno, o por lo menos de la mayoría de sus ciudadanos. En aquel entonces, el número de los países miembros era limitado, lo que hubiera permitido a esas pocas naciones el formar un estado similar al de Suiza o al de los Estados Unidos. Ese proceso se detuvo, porque las cuestiones y los problemas que trajo consigo, no eran fáciles de resolver entre políticos y naciones que no estaban decididos a perder una parte importante de su soberanía, y menos aún de sus privilegios.
En vez de trabajar en profundidad sobre los problemas importantes para desarrollar y formar estructuras futuras, decidieron actuar en la superficie y agregar cuanto país pudieron encontrar … y ésto sin preguntar a la población de los países que integraron la primera fase de Europa, si estaban de acuerdo o no. Aparentemente, fue muy importante para la élite política incluir tantos millones de personas y países posibles en una Europa, que, salvo en algunas áreas limitadas del sistema político, todavía no estaba definida. El incentivo más importante para esos nuevos países, era la posibilidad de sacar beneficio de remuneraciones económicas y financieras. Esa ampliación hubiera sido más que bienvenida después de finalizada la estructura de una Europa más o menos federal. Fue entonces cuando se truncó mi esperanza en una Europa fuerte, poderosa, democrática y pacífica en un futuro no lejano … una Europa que ayudaría a mejorar la calidad de vida de todo el mundo, de todos nosotros.
Apareció ante nosotros como una lenta, burocrática, más o menos caótica y aislada mezcla de conceptos ideológicos, sociales, económicos y en parte financieros, mientras que todo el resto parecía dejarlo libre a la suerte, a Dios y a las generaciones futuras. Esto, así todo, no excluye de ningún modo la posibilidad de que la UE, como las más extraordinarias construcciones humanas en el siglo XXII o XXIII, resulte un logro fantástico, pero, en lo posible, espero que ésto ocurra más, en este siglo.

Caer de rodillas ante los militares norte­americanos – incomprensible para Suiza

El euro como moneda es un ejemplo claro de un buen logro que se puso en práctica de manera eficiente, aunque no totalmente. Gran Bretaña, por ejemplo, no aceptó adoptar el euro, siendo que hubiera estado en condiciones de hacerlo, mientras que otros países no estaban en una situación económica que les permitiera unirse al sistema monetario. Así, la Unión Europea tiene una moneda fuerte para ciertos países, pero no para todos. Si los países más débiles financieramente adoptan el euro en la crisis actual, pueden convertirse en una carga que debe ser soportada. Así todo, el euro como tal es uno de los mejores logros de la UE y puede considerarse como un éxito.
Pero, ¿qué ocurre con la unificación de las decisiones más importantes con respecto a política exterior, defensa y guerra? Para un ciudadano suizo es totalmente inconcebible que una parte de Europa haya soportado sin vacilar la política de la administración Bush, y se hayan aliado a EE.UU. para la guerra en Iraq. Gran Bretaña, España y otros países europeos mandaron tropas bajo el contingente de militares norteamericanos, mientras que Francia, Alemania y otros se negaron a participar. Para nosotros fue un ejemplo de la débil política exterior.
Además – y contra la voluntad de Alemania y Francia – otros países firmaron, por ejemplo, un acuerdo con el gobierno norteamericano que le permitía a EE.UU. o a la OTAN, instalar sistemas de radares y misiles en otros países, oficialmente orientados hacia Irán. Rusia consideraba esas instalaciones como una amenaza a su territorio. También en esta cuestión tan importante, los miembros de la Union Europea no se pusieron de acuerdo. La política exterior de Europa no es visible, en ningún aspecto. Es todo, y a la vez nada, y la importancia para todos nosotros es lamentablemente débil.

En ningún país tantas votaciones como en Suiza

La UE con tantos países únicos, fuertes y democráticos, podría haber consolidado todo el sistema llegando a un consenso, definiendo claramente y llegando a un acuerdo sobre la dirección que desean seguir en Europa y en el resto del mundo; unidos, hubieran fijado los objetivos a lograr en todas las funciones importantes, necesidades y deseos de nuestra sociedad humana, y nuestros sistemas políticos.
Pero antes que todo, la Unión europea decidió extender lo más posible ese sistema no definido completamente, invitando a distintos países a ingresar – en parte también algunos del oriente cercano. Con el eventual ingreso de Turquía, la expansión llegaría hasta las fronteras de Siria, Iraq e Irán. ¿Es el objetivo de la UE el abrir sus puertas para una futura, tal vez más fuerte y funcional unión europea y medio oriente? No hay que olvidar que Chipre está a pocos kilómetros de Líbano, donde muchos europeos en cruceros encontraron refugio. Si damos un paso más adelante, se podría pacificar todo el oriente medio con israelís y palestinos como parte de la UE. Eso sería un logro milagroso para todo el mundo. ¿Existe alguna razón válida para frenar ese proceso? No sólo algunos suizos sino también muchos europeos se han hecho esta misma pregunta.
Pero mientras tanto volvamos a la realidad. De acuerdo a la información que tengo, el pueblo suizo es uno de los que está mejor informado sobre el rol y las actividades de la Unión Europea. Hago referencia a un artículo interesante que Andreas Gross, miembro de nuestro parlamento y ciu­dadano suizo, publicó en el «Neue Zürcher Zeitung» del 6 de febrero de 2009, justo dos días antes que el pueblo suizo votara a favor de varios acuerdos con la UE (entre ellos el tránsito libre para los nuevos ciudadanos de ésta), confirmando así su voluntad de continuar el camino bilateral, en vez de ingresar en la UE. Suiza ha tenido más referendums o votaciones sobre Europa que cualquier otro país europeo.

Los pueblos no podían votar

En el transcurso de las últimas décadas, en varios países europeos se han realizado numerosas votaciones, más de 50. Los seis miembros fundadores de la Unión Europea o comunidad, creada en 1957, nunca preguntaron a sus ciudadanos sobre la configuración de la UE, excepto Gran Bretaña, con éxito, 18 años más tarde, en 1975. En el año 2005, 48 años después, Francia preguntó a sus ciudadanos si aceptaban la constitución europea. Éstos la rechazaron, al igual que los ciudadanos holandeses más tarde, en 2006, y los irlandeses en 2008. A causa de su sistema democrático directo, los electores en Suiza, como los de Dinamarca, son la población mejor informada en Europa sobre lo que concierne a la UE. Ahora tratemos de descubrir, por qué la mayoría de los suizos rehusan de ingresar en la UE.

Una sociedad amante de la paz y absolutamente contraria a la violencia

Excepto los hechos ya mencionados, en todas las declaraciones, contratos y desarrollos que hemos visto hasta ahora, no se manifiesta una visión clara del futuro de Europa. Los suizos no tienen ningún incentivo social, político o económico para ingresar; al contrario, están y estarán obligados a hacer grandes contribuciones en las cajas de la UE.
El canciller alemán Helmut Kohl, para quién trabajé como miembro de su Comité estratégico industrial, me hizo el honor de una visita privada en Suiza. Durante su visita me dijo: «Nicolas Hayek, Usted goza de cierta credibilidad en la población suiza. ¿Porqué no nos ayuda a convencerlos de que ingresen en la UE?» Yo le contesté: «Sr. Canciller, por qué es tan importante para la UE el tener a la mínima Suiza – siete millones y medio? Su respuesta vino sin vacilar, rápida como una bala: «porque los suizos tienen un montón de dinero del que nosotros queremos hacer buen uso».
La cultura suiza, la mentalidad y la educación juegan un papel muy importante en la reacción natural con respecto a la UE, como la experimentamos hoy. La sociedad suiza rechaza totalmente el poder y la violencia, también la violencia a través del poder. Es una sociedad amante de la paz y totalmente contraria a la violencia física. Una gran concentración de poder en una persona o partido político, por ejemplo, no es tolerada. Christoph Blocher del Partido popular suizo, es tal vez un ejemplo típico y probablemente el más obvio recientemente.
Su partido tiene la mayor cantidad de electores en Suiza. Él era ampliamente reconocido como un ministro eficiente, pero en su tentativa de acumular demasiado poder individual, el Consejo nacional y el Senado anuló su elección y frenó su trayectoria.

La libertad personal de los ciudadanos – más importante que la del estado

La libertad, y la libertad personal de cada uno, se ha grabado en el alma suiza desde los orígenes del país en el siglo XIII, mucho antes que la revolución francesa la pusiera en primera plana. La libertad personal del ciudadano es a veces más importante que la del estado. Para expresarlo más claramente: el estado debe servir al ciudadano y no el ciudadano al estado. Son parte de los principios fundamentales que los suizos valoran altamente.
No es una coincidencia que Voltaire y muchos otros se refugiaran en Suiza para poder escribir y hablar en libertad. Ésto es probablemente la base de la rica tradición de refugio político y financiero (como el secreto bancario), un derecho que los suizos aprecian altamente.
No olvide que fue un suizo el que creó el movimiento de la Cruz Roja. Henri Dunant no podía aceptar lo que había vista en los campos de combate europeos, en Solferino, Italia, a fines del siglo XIX, la Cruz Roja es una creación típicamente suiza, y puede tener el efecto que tiene, sólo porque Suiza es considerada y aceptada mundialmente como realmente neutral. Lo que es aún más importante, se la considera como totalmente democrática y respetosa de los derechos humanos.
Me permito recordarles que la diminuta Suiza es también un poder industrial considerable con una de las monedas más fuertes en el mundo. Es un poder financiero, y lo seguirá siendo en el futuro próximo, aún cuando las leyes del secreto bancario se modifiquen substancialmente, o en el peor de los casos que se anule. La moneda fuerte y la estabilidad política junto a la profunda democracia y un entorno neutral, van a consolidar el mensaje de un puerto seguro, de una Suiza con una industria financiera honesta y libre de excesos ilegales criminales.
Además, contrariamente a muchos países, y no solo europeos, nunca tuvo la tendencia a invadir países extranjeros, en África, Asia, Sudamérica o donde sea, para crear colonias. No solo Gran Bretaña, Francia, Alemania, Italia, España y Portugal sino también Bél­gica y Holanda estaban implicados en erigir colonias en países lejanos y ocuparlos durante muchos años. Suiza nunca consideró que valga la pena tener colonias, también por el hecho que la mentalidad suiza y la sociedad, genuina y fundamentalmente respetan en alto grado los derechos humanos, la integridad y la soberanía de cada persona y comunidad en el mundo. Los países que previamente tuvieron colonias, han respetado también los derechos humanos, pero, en su momento, consideraban a las colonias bajo un aspecto diferente.
Ese es el motivo por el cual Suiza goza de popularidad y buena reputación entre los países emergentes. Esto nos lleva a nuestra neutralidad. Aún cuando nuestra cultura es muy similar o casi igual a la de nuestros vecinos y parientes en Francia, Alemania, Austria e Italia (no hay practicamente ningún suizo que no tenga parientes en Europa) Suiza es neutral desde 1815, no pertenece a la OTAN o alguna otra alianza militar.

Los impuestos deben ser fijados o aceptados por los contribuyentes

Suiza es uno de los pocos países que estaban en condiciones de integrar minorías sin restricciones o compromisos, con los mismos derechos y posibilidades. Por ejemplo Tesino, la parte suiza de lengua italiana: si mira hacia el pasado y constata cuantos consejeros federales provinieron de esa parte del país, estaría asombrado por el número impresionante. Sin exagerar, podríamos afirmar que en Suiza, las minorías, en realidad, tienen más derechos que las mayorías. Nos inclinamos a llamarlo una discriminación positiva.
Otra característica de la sociedad suiza, es que los suizos no tienen la necesidad de crear un culto a la persona alrededor de un individuo o venerar a un político, una súper consejera o un súper consejero. Personalidades dominantes provocan desconfianza entre los suizos. Aceptan y eligen ciudadanos inteligentes, experimentados, eficientes, capaces de cumplir con sus obligaciones lo más honestamente posible, que utilizan e invierten con cuidado el dinero de los contribuyentes. Es por eso que nuestros impuestos son más bajos que en muchos de los países vecinos, siendo que nuestras inversiones en instituciones sociales e infraestructuras son más altas, o por lo menos tan altas, como en las de nuestros vecinos. Los suizos se sirven de sus referendums democráticos y derechos de voto cada vez que haya que tomar decisiones importantes a nivel comunal, cantonal o nacional.
Eso es democracia directa. Los impuestos deben ser fijados o aceptados por los contribuyentes. Cuando se trata, por ejemplo, del presupuesto, tenemos un sistema de control que funciona bastante bien, aún cuando no podemos afirmar que todo esté bajo control, o que el derroche no exista. También tenemos nuestros problemas al respecto.

Un miembro del gobierno suizo administra el dinero de los contribuyentes como el suyo propio

Durante toda mi vida profesional he criticado abiertamente diversos aspectos destructivos o ilegales del sistema bancario y financiero. He criticado esas cosas con regularidad en conferencias y entrevistas en Suiza y en el exterior. Soy uno de esos ciudadanos suizos que durante años ha conservado una desconfianza saludable frente a una gran parte de la economía financiera en el mundo en general, y específicamente, en Suiza, en EE.UU. y Gran Bretaña.
No obstante, muchos suizos no tienen un sentido muy desarrollado del crimen, cuando se trata de declarar cada partecita de ganancias por la que haya que pagar impuestos. Más bien tienden a considerarlo como una infracción de poca importancia (como decimos un «delito de caballeros»). El miembro término medio de gobierno, lo repito, administra y trata al dinero de los contribuyentes como si fuera el suyo propio, de manera muy ahorrativa. El suizo no apreciaba los excesos hipócritas de los alguaciles y gobernadores provinciales de siglos atrás, quienes insistían en recaudar la mayor cantidad de impuestos posibles de sus vasa­llos, si era necesario con la fuerza brutal de las armas, y frecuentemente usando ese dinero contra los intereses de sus súbditos. Estoy pensando por ejemplo en el héroe nacional suizo, Wilhelm Tell, en el drama escrito por el alemán Friedrich Schiller.
Y por eso una declaración de impuestos, digamos «olvidada», se ve como una acción ilegal más bien insignificante, sin sospechar que podría ser una actividad criminal seria, como la que hace poco fue cometida por lo menos por uno de los bancos suizos más importantes. Suiza, o por lo menos algunos empleados, afirman sin embargo, que los ciudadanos suizos son los que en proporción tienen la menor evasión de impuestos comparados con los otros países industriales.

El gobierno suizo es uno de los más estables en el mundo

Para cada suizo es natural, que cada caso de evasión impositiva, aún cuando haya sido olvidada «por comodidad», debe ser castigada. Por otro lado, el castigo debe ser proporcionado al «crimen», y no exagerado e inflado en una dimensión que no corresponde.
Como todos sabemos, esta situación gana en este momento una fuerte dinámica controvertida. La protección de la esfera individual frente a la ilimitada curiosidad de los gobiernos es legítima, y es considerada por los suizos como un valor importante, pero no solo por ellos. En el último tiempo, otros países europeos están del lado de Suiza y se unieron a la lucha.
En Suiza no sólo no existe el culto de la persona alrededor de una supermujer o un superhombre, sino que el gobierno suizo no tiene absolutamente ninguna medalla o condecoración para honrar a sus ciudadanos por especiales méritos. Por otro lado, hay suizos que están orgullosos de haber obtenido condecoraciones de gobiernos extranjeros.
El gobierno suizo es uno de los más estables en el mundo. Practicamente todos los partidos están representados, y por eso tiene una gran aceptancia en la población suiza.
Todos trabajan en conjunto, también en situaciones de conflicto; a pesar de tener ideas diversas, es remarcable que lleguen a un acuerdo, un compromiso, nosotros lo llamamos «concordancia». No siempre funciona así, como le gustaría a la gente, pero al final, una solución siempre es aceptada democraticamente, aún cuando a veces con un poco de mala gana. La decisión del pueblo es aceptada por todos, y, repito, por todos, también por los consejeros federales o presidentes más presuntuosos.
Los suizos tienen una moneda especialmente fuerte. Suiza mantiene una disciplina monetaria que hace del franco suizo uno de las dos o tres monedas más estables en el mundo. Es incluso la moneda que se ha mantenido más estable por más tiempo en el mundo moderno.

Nos sentimos todos iguales

También tenemos una asombrosa capacidad para negociar y lograr compromisos. Es una de las razones centrales para la estabilidad de nuestro sistema político y social, que siempre encontremos compromisos aceptables para cada uno sin tener que luchar una guerra interna. Esto se hace claro, como dije, en la «concordancia». También en nuestras relaciones con los sindicatos, con los cuales hemos llegado a un acuerdo con respecto a las huelgas – destructivas para la economía y para los trabajadores y un disturbio para la gente; practicamente éstas no tienen lugar. Es una experiencia sorprendente el tomar parte de duras negociaciones, en las cuales, al comienzo, las posiciones están muy distantes. Después de un par de semanas o meses de discusiones, todos están más o menos de acuerdo.
El resultado es: para todos mejores y más altos ingresos que en la mayoría de los otros países, y un nivel de vida más alto practicamente para todos. Esto crea un puente entre los practicamente no existentes niveles en la sociedad suiza, que asombrosamente no conoce un proletariado, ni grandes diferencias sociales entre sus habitantes; igual si el monto de nuestros ingresos es alto o bajo, nos sentimos todos iguales y nos consideramos miembros plenos de nuestra sociedad. A muchos ciudadanos jóvenes les puede parecer aburrido, pero para la estabilidad y la salud de una nación es bueno saber que, finalmente, no es necesaria la violencia para llegar a una solución aceptable.
Los suizos son más globales que la mayoría de las naciones de este mundo. A causa de su buena educación, la cultura suiza y el hecho que sus habitantes hablen varios idiomas, así como por el tamaño de su país, una gran mayoría de suizos hacen largos viajes y conocen muy bien el resto del mundo. En el exterior son respetados por su comportamiento, así como por su mentalidad y por la calidad de su trabajo y productos.
La sólida formación de aprendices, las universidades, la escuela de ingeniería y otras escuelas de formación profesional, sobre las bases de solidaridad entre la industria y la gente, y entre las generaciones entre sí, el excelente know-how de la artesanía, unido a la tecnología moderna, el sentido estético y por alta calidad, son únicos.

Seguridad social en todos los niveles

Sólo pocos países cuentan con un sistema similar. En Suiza esas estructuras se han desarrollado casi hasta la perfección – a través de muchos años en todos los sectores de la economía, desde el herrero al plomero, del carpintero al cocinero y confitero – todos gozan de una alta reputación por su buen trabajo suizo. Las universidades de Suiza están entre las mejores del mundo: el Instituto Federal de Tecnología en Zurich y Lausanne, así como las universidades de Berna, Basilea, Ginebra, Lausanne (donde reside la fundación Monnet para Europa), Neuchâtel, Friburgo, Lugano, Zurich etc. Suiza tiene el mayor número de Premios Nóbel en el mundo comparado con el número de habitantes.
Además, Suiza utiliza el sistema de milicias para su armada y adopta este principio también para la política – en algunos cantones pequeños un funcionario tiene un trabajo de jornada reducida que realiza en el tiempo libre del ministro designado. Y es sorprendente que un miembro de la armada pueda guardar el arma en su casa. Esto fortifica la sensación de seguridad y la cercanía del pueblo suizo con su armada. Sin embargo, en este momento se discute sobre el tema de conservar el arma y es probable que el sistema cambie. Veremos.
Suiza es una sociedad muy moderna y practicamente en cada lugar de su terreno montañoso, están desarrolladas las mismas infraestructuras modernas como en las otras regiones. Seguridad social a todos los niveles; los seguros de salud y de invalidez están entre los más eficientes en el mundo.
Cuando hablo de la infraestructura suiza, debo mencionar también los hospitales de tan buen renombre, el ferrocarril casi siempre puntual, y los altamente calificados centros de investigación y desarrollo, verdaderos centros del conocimiento. Déjenme agregar, que la limpieza del entorno es otra prueba que los suizos tienen el más alto respeto por la ecología, la belleza del paisaje y la madre naturaleza.

Suiza tiene el más alto porcentaje de ciudadanos extranjeros

Por todas estas razones, y por la absoluta neutralidad de Suiza, las Naciones Unidas y muchas otras organizaciones internacionales tienen su asiento en Suiza. El Comité Olímpico Internacional, FIFA, la Organización Internacional de Remo, el Comité Internacional de la Cruz Roja, el Centro de Investigación Nuclear CERN y muchos otros, han elegido el terreno neutral y seguro de Suiza para sus sedes centrales así como 1,6 millones de extranjeros, que viven felices y en paz.
Suiza tiene uno de los porcentajes más altos, sino el más alto, de ciudadanos extranjeros en el mundo. Más de una persona cada cinco es extranjera, sobre todo de la UE. Ese porcentaje sigue en aumento, también a causa de una mejor calidad y un standard de vida más alto. Además, están los «fronterizos» quienes a diario cruzan la frontera desde Francia, Italia, Austria y Alemania para trabajar aquí.
Suiza fue fundada en el siglo XIII con tres cantones, con el tiempo se sumaron otros 23 cantones. Durante cientos de años los cantones han conservado una sólida soberanía. El gobierno suizo, como lo sabrán todos, no es tan fuerte como en otros países, aún cuando tiene el poder de decidir sobre política exterior, infraestructuras, defensa y muchos otros sectores de nuestra vida. Pero los suizos no aprecian un poder central fuerte, y aún menos, cuando este se encuentra en Bruselas y es vista como una institución que constantemente trata de ganar más poder e influencia.
Buscar un compromiso constructivo
Nosotros los suizos, tenemos como todos los seres humanos, déficits, desventajas y debilidades, y sí, cometemos errores. Pero no necesitamos ahora hablar de ésto, tampoco tenemos el tiempo, porque son irrelevantes para nuestro proceso de tomar decisiones con respecto a Europa. Además, no podrían destruir el mensaje dinámico de Suiza, considerada como una perla.
Entrar en la UE con nuestro corazón y alma, podría destruir una gran parte de esa perla. Y ésto no sería en interés ni de Suiza ni de la población de Europa, menos aún en interés del resto del mundo. Suiza es sin duda europea, está en el corazón de Europa, y nadie, ni siquiera los mismos suizos, pueden separarnos de ese hermoso mapa y paísaje europeo. Por eso es tan importante el comercio entre Suiza y Europa.
Compramos más de Europa que lo que le vendemos a Europa, pero ambos, exportes e importes son substanciales y absolutamente vitales, como todos saben. Sería un gran error, si uno de los dos socios tratara de presionar en el plano de este intercambio económico tan positivo.
Excelencias, Señoras y Señores, estos fueron los francos puntos de vista – y reconozco, también parciales y demasiado positivos –, de un suizo medio y europeo motivado.
Y ahora díganme, por favor, si fueran suizo, ¿querrían entrar hoy en la UE? Tengo la fuerte sospecha que, después de haber oído mi discurso, se negarían probablemente a admitir a Suiza en la UE, en caso que quisiera devenir un miembro pleno. Pero sigamos dispuestos al diálogo: podemos llegar a un compromiso constructivo.    •

Fuente: www.swatchgroup.ch
(Traducción Horizons et débats)